Iglesia Cristiana Evangelica de Alza-Donostia / Altzako Ebangelikoaren Kristau Eliza

" Conocereis la verdad y la verdad os hará libres" " Horrela, egia ezagutuko duzue, eta egiak aske egingo zaituzte"

Estamos mas solos que nunca

En una era como la nuestra, híper-conectados tecnológicamente como estamos, parece increíble el nivel de soledad con el que convivimos. En unos casos resulta más trágico que en otros, pero en todo caso lo es en cierta medida, porque con las herramientas que tenemos al alcance de la mano, ya no solo resulta paradójico, sino profundamente irónico, con el “toque negro” que la ironía pone en casi todo lo que toca.

Nuestras redes sociales nos dicen con alegría y cierta ligereza que tenemos más amistades de las que hemos tenido nunca. El sueño cumplido de cualquier persona con dificultades interpersonales: máxima eficacia con un mínimo riesgo social (o eso queremos creer, porque riesgos hay muchos, solo que son de otro tipo). Lo que no sé si imaginaron los creadores de estas redes sociales es que iban a recibirse sus propuestas con tal cantidad de brazos abiertos de par en par, lo que les ha beneficiado obviamente a nivel económico y por eso proliferan, pero no en la misma proporción que ha perjudicado a los millones de usuarios incautos e inconscientes que han entrado en esta dinámica sin medir las consecuencias. Porque todos en alguna medida hemos perdido algo en este camino, aunque hayamos ganado otras cosas. La cuestión es la importancia de lo que ganamos, en comparación con el calado de lo que perdemos.

Recibimos el “arropo tecnológico” de nuestros amigos digitales en forma de Me gusta o Like, pero a la hora de la verdad, seguimos echando de menos lo humano: el abrazo, la sonrisa, el café en una terraza. Porque incluso siendo afortunados en tener alrededor nuestro más que solo amigos digitales, todos poco a poco nos vamos sumergiendo en el abandono de los pequeños detalles. Ya casi no hay tarjetas de felicitación, preferimos la inmediatez del mensaje a la conversación entrañable, el copia y pega descarado de cualquier genialidad de otro, antes que el esfuerzo personal de mirar hacia dentro y pensar lo que realmente queremos decir.

Quizá también hemos perdido la costumbre de esas dos facetas, la de pensar y la de comunicarnos de forma relevante, más allá de las teclas y las pantallas inteligentes. Y no se pierden por falta de capacidad, sin embargo, sino por falta de entrenamiento, como otras muchas cosas en la vida. Dicho de otra forma, no somos más tontos, pero sí más necios, porque pudiendo entrenarnos en lo que tenemos, no lo hacemos. Es lo que ha traído la simplificación tecnológica: que nos hemos instalado en una comodidad que hace ya bastante dejó de ser beneficiosa para empezar a ser castrante de nuestras habilidades de serie. Hemos sido creados con un sello relacional que nos hace únicos. Pero lo hemos intercambiado por un plato de comodidad. Hemos reducido el pensar interpersonalmente y el comunicarnos de forma cálida a niveles de mínimos. Y la tendencia a la baja sigue, con lo que estamos ya empezando a ver en qué consisten los inframínimos: la gente sufre sola y se muere sola, porque ninguna relación tiene calidad significativa sin haber invertido en ella de forma presencial.

No quiero decir con todo esto que lo tecnológico no tenga ventajas: las tiene y son muchas, soy usuaria de lo digital y funciono activamente en ese medio, pero francamente no creo que tenga que elegir entre lo uno y lo otro. Lo que creo es que se trata más bien de lo contrario: de no renunciar a lo humano en pro de lo tecnológico, de no dejar que la comodidad me invada hasta el punto de perder la sensibilidad por las personas. Pero eso implica pensar en maneras en las que podamos movernos en este océano tecnológico que nos rodea construyendo, no destruyendo, invirtiendo, no evadiendo, y midiendo, no desfasando.

No siempre que se usa lo tecnológico implica una deshumanización. A veces lo digital, lo que aporta, es un formato nuevo, fresco, diferente, que no tiene por qué significar falta de calidez -aunque como tendemos a generalizar tanto, nos vamos de un extremo a otro con facilidad, sin distinguir las intenciones que hay detrás. Se puede ser cálido en lo digital, siempre que seamos capaces de acompañar lo uno de lo otro. El problema es que lo tecnológico se ha usado para sustituir porque lo humano, en ocasiones, es molesto. Y como huimos de cualquier malestar, porque de eso va nuestra era, principalmente, pues nos hemos pasado de largo y por mucho la línea que separa el buen uso del mal uso.

Así las cosas, se hace imperativo que nos preguntemos, primero a nivel personal, como no puede ser de otra forma, cómo estamos manejándonos en esta era digital en la que vivimos. Cuando mando una felicitación informatizada, ¿lo hago porque es la mejor posible, o porque mediante ese formato voy a eludir la molestia de lo interpersonal? ¿Mandaré un mensaje porque no puedo llamar, o más bien si mando el mensaje ya no tengo que llamar? Dicho de forma mucho más políticamente incorrecta: ¿será que mis acciones tecnológicas están orientadas al escaqueo permanente de lo que me incomoda de mis relaciones? ¿Pudiera ser, incluso, que quiera lo que mis relaciones me aportan, pero sin ellas?

Esta pregunta es una difícil de contestar si no es con un análisis detenido previo. Nuestra primera impronta exclama que no, porque resultaría dramático lo contrario (¡vaya a ser que nos veamos realmente como somos!). Luego, cuando honestamente nos paramos a mirar hacia dentro, muchas veces tenemos que reconocer que hay un poquito de esto, al menos, y que estamos eludiendo sutilmente el trato directo, porque nos quita tiempo, nos obliga a invertir energías, nos fuerza a estar presentes, en definitiva. Sin embargo, esos elementos son el colchón en el que reposamos también en los momentos difíciles, cuando miramos alrededor y necesitamos saber que hay alguien cerca. O cuando son otros los que necesitan que estemos presentes nosotros. Ahí nos damos cuenta de lo que hemos perdido (de nuevo, sale con toda su fuerza nuestro yo, egoísta), pero deberíamos también ver que hemos ido dejando huérfana a nuestra gente por el camino.

Este planteamiento general de lo que las personas aportan, pero sin las personas en sí, se parece demasiado al que vemos de fondo en la parábola del hijo pródigo, que quería la herencia del padre, pero sin él. Como nosotros en relación con Dios, que queremos lo que nos aporta, pero sin relacionarnos y mucho menos sujetarnos a Su plan de vida para nosotros. Nuestra libertad y nuestra comodidad nos preocupan demasiado. Y no somos capaces de mirar más allá de lo inmediato, como en lo tecnológico, pensando en lo que ganamos ahora en vez de lo que perdemos también a medio y largo plazo, no solo para nosotros, sino para los que tenemos cerca y a quienes queremos.

El padre, sin embargo, es mucho más que su herencia y además nunca privó a sus hijos del acceso a ella. Se trataba más bien de una cuestión de tiempos. De invertir en lo importante y de no deshumanizarse hasta el punto de que lo importante fueran los bienes o las cosas, lo que se consigue en la interacción, más que la relación misma.

Si lo tecnológico nos conecta pero nos separa, ha dejado de sumar para empezar a restar y quizá viene siendo tiempo de sentarse a hacer cuentas y actuar en consecuencia.

» CAMINA POR FE «

Antetokounmpo, el joven jugador griego de padres nigerianos dio gracias a Dios al recibir el trofeo al mejor jugador de la temporada en la NBA. “Camina por fe, no por vista” es su lema.

Antetokounmpo, dando el discurso tras ganar el MVP. / TNT

Giannis Antetokounmpo​ no ha tenido una vida fácil. Por eso, al subir al escenario de la NBA para recoger el premio al mejor jugador de la liga regular (MVP) no pudo contener las lágrimas.

Pero lo primero que hizo al recoger el premio fue dar las gracias a Dios. “Lo primero es darle las gracias a Dios por el talento que me ha dado, y por ponerme en esta posición. Todo lo que hago lo hago por Él”, expresó el jugador de nacionalidad griega y padres nigerianos

La historia de Antetokoumpo comienza en Grecia, donde nació en 1994. Sus padres habían emigrado a Europa desde su país de origen, Nigeria, buscando un futuro para su familia.

Pasábamos mucho tiempo juntos como familia, pero también fue duro. No sabíamos si íbamos a tener dinero para comer ese día o si me iba a levantar y no ver a mis padres porque los habían deportado”, expresó hace un tiempo la máxima estrella de los Milwaukee Bucks.

Giannis comenzó a jugar al baloncesto en 2007, donde pronto demostró tener unas grandes cualidades físicas y técnicas. En su carrera hubo varios obstáculos, como las dificultades para conseguir el pasaporte que le permitiese llegar a la NBA a causa de la situación inestable en la que sus padres habían entrado al país.

Esto fue motivo de que desde partidos de extrema derecha se criticase a Giannis e incluso se le insultara, comparándole con un mono. Sin embargo, él siempre se ha mostrado respetuoso con el país en el que nació.

En 2013 fichó por los Milwaukee Bucks, donde ha progresado de forma espectacular en su juego y no ha parado de ponerse retos.

TRABAJO Y TALENTO

En un blog que escribía en una página web de baloncesto, Giannis explicó su secreto.  “Cuando tenía 15 años, intenté participar en la selección de los 12 mejores jugadores en los campeonatos escolares. Pero me quedé fuera. La mayoría de los niños que estaban en el top 12 ahora no juegan al baloncesto profesionalmente. En cambio yo estoy en la NBA. Con motivo de esta historia que tuvo lugar hace unos años, te revelaré mi lema, el que solo mi familia conoce: ¡Camina por fe, NO por vista! Creo que esta es la actitud correcta hacia la vida. Solo necesito ser el mejor hijo, hermano y ser humano que pueda”.

En su emotivo discurso, Antetokounmpo dio gracias a su equipo técnico, sus compañeros, pero especialmente a su familia. Su padre, fallecido en 2017, estuvo en su recuerdo, así como su madre, de quien dijo que era la persona que más admiraba por todo lo que había hecho para cuidar de él y de sus hermanos.

Tiempo de elecciones

Una vez más nuestro país se encuentra inmerso en » tiempos de elecciones «. Primero elegimos al gobierno de la nación y ahora nos toca elegir entre aquellos partidos que gobernarán nuestros pueblos y ciudades y algunas comunidades autónomas, sin olvidarnos de Europa, que también renueva su parlamento.

Para nosotros los creyentes en Jesucristo, este asunto siempre ha sido un dilema importante. ¿ A quién daré mi voto ?. Están desde los que consideran que votes a quien votes nada cambiará en lo esencial, hasta los que lo consideran un deber ciudadano. Y es cierto que no es fácil determinar el destino de tu papeleta.

Tampoco tenemos referentes bíblicos que nos den una orientación, ya que en el mundo del comienzo de la era cristiana, lo cierto es que se botaba poco o más bien nada, por tanto creo yo, cuando buscamos el candidato ideal o el partido más cercano a nuestro pensamiento ético y moral, tendremos que rebuscar en sus programas y entonces decidir, sin olvidar que la respuesta a los verdaderos problemas de nuestro mundo, no está en la política sino en alguien que es capaz de cambiar la vida de millones de personas y que nosotros llamamos Jesucristo

S.T.

 

La pieza que faltaba

Hace pocos días que ha finalizado la Semana Santa. Unas fechas que pretenden recordar el arresto, tortura y muerte de Jesús de Nazaret.

Unos días de descanso a medio camino entre las, ya pasadas, navidades y las ansiadas vacaciones veraniegas. En muchas partes, suponen un atractivo turístico las famosas procesiones de la semana santa. Casi en todos los lugares de la geografía del país, existen ciudades, e incluso barrios, donde las diferentes hermandades y cofradías sacan en procesión aquellas tallas de cristos y vírgenes a las que veneran.

Son momentos de gran fervor religioso. Probablemente sea en Andalucía y, especialmente Sevilla, donde este tipo de expresiones alcanzan mayor protagonismo. La Macarena, el gran Poder, la Esperanza de Triana, el Cristo de los Gitanos, son algunos de los símbolos más representativos de la Semana Santa sevillana.

Recuerdo que en mi infancia, se retransmitían esas procesiones por televisión, apenas se permitía ver otra cosa. He de confesar que aquella puesta en escena me sobrecogía, las imágenes ensangrentadas, el ritmo de los tambores y las cornetas, las expresiones de dolor por la muerte de Cristo, aquel ambiente de luto generalizado, crearon en mi conciencia una idea del cristianismo oscura y bastante tétrica. No es de extrañar que al alcanzar la adolescencia acabara renegando de aquel tipo de fe.  Hoy, con la perspectiva del tiempo a mi favor, comprendo mejor qué es lo que me hizo huir del aquel concepto del cristianismo que se me presentaba. Tiene algo que ver, salvando las distancias obviamente, con lo que también le debió de suceder al poeta sevillano Antonio Machado. En su “Saeta”, dedicada al cristo de los gitanos decía:

“¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar! ¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz! ¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores! ¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar!”

Conociendo la obra y el pensamiento de Don Antonio, sabemos que se estaba refiriendo a esa herencia oscura, cerrada, sangrienta que, según él, habían recibido los españoles y en la que se recreaban fanáticamente, a tal punto que, una figura como Jesús, paradigma de la esperanza y la paz, aquella España  la había reconvertido en una expresión de crueldad y culto a la muerte. Precisamente eso, el excesivo i en la muerte de Jesús, es lo que a mí me alejó de Él. No es que la muerte de Jesús no sea importante, que lo es y mucho, sino que se me estaba educando en una forma de cristianismo carente de esperanza, donde los hombres eran tan malos, que despreciaron y asesinaron a Aquel que vino a salvarlos de sus pecados. Un Jesús que con su muerte, nos recordaba cuan despreciables podíamos llegar a ser, que este mundo era como un gran agujero negro que acababa absorbiendo cualquier atisbo luz.

Pero mi historia no acaba aquí, como la de Jesús tampoco terminó en la cruz. Un día tuve la oportunidad y el estado de ánimo adecuado, como para escuchar lo que me hablaban acerca de la resurrección de Cristo. Jesús no fue eliminado, su luz no fue absorbida. A pesar de la traición de Judas, de la negación de Pedro, de ser abandonado por todos sus seguidores en el momento más crítico, a pesar de un juicio manipulado y lleno de testigos falsos que le llevaron a la muerte, a pesar de una tumba custodiada por soldados…al cabo de tres días, Jesús se presentó vivo, había resucitado. Todas estas cosas me las fueron mencionando y, entonces, me di cuenta que Jesús tuvo que encajarlas todas ellas, era su manera de demostrar que era Dios, y que su método de ganarnos era a través del amor y no de la coacción ni la fuerza.

He vuelto al cristianismo, mejor dicho, he recibido a Jesús como mi salvador desde el día en que me hablaron de su resurrección. Jesús es admirable, sí, he dicho es, porque sigue vivo, accesible, y en activo. Ha hecho el milagro de cambiar mi corazón, desengañado e incrédulo, y despertar en él la esperanza y la fe viva. Su resurrección es la pieza perdida de la fe de mis mayores.

Luis R.

Una cuestion de Fe

“ Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Epístola a los Hebreos 11:1)

¿De dónde adquirimos la certeza los seres humanos?   Normalmente de los hechos contrastados. Pero vamos analizar un tipo de certeza que se puede alcanzar mediante la fe. La fe, no es algo exclusivo del ámbito religioso. Se puede entender  la fe, como el conjunto de creencias que forman un credo determinado.

Pero también se puede tener fe en una persona, en sí mismo, en una ideología, en un sistema, en la propia ciencia etc. Al final, la fe determina el grado de confianza y seguridad que depositamos en algo o alguien.

Volviendo a la fe en Dios y en su Palabra, podemos analizar la afirmación que nos aporta el autor de la Epístola a los Hebreos, con la cual comenzábamos este artículo. Aunque, a día de hoy, resulta todo un desafío el sostener algo así, porque esta afirmación del autor de Hebreos choca frontalmente con la mentalidad actual. Somos hijos e hijas de la era científico-tecnológica. Precisamente el método científico se basa en eso, demostrar algo para darle carácter de verosimilitud. Lo que no puede demostrarse científicamente no tiene credibilidad. ¿Cómo pues, alguien, puede pretender estar convencido de algo que no puede verse? La fe nos lleva más allá de los límites del raciocinio. Porque nuestro razonamiento es limitado y la Biblia nos reta a considerar el efecto de la fe.

“Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto (a Jesús), creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso…” (1ªP.1:8)

Oímos a ciertas personas hablar  de alguien, Jesús, al cual no han visto ni oído, y sin embargo lo presentan con una familiaridad sorprendente. ¿El secreto será la fe?

La fe tiene que ser una decisión personal. Decido creer o dudar, obedecer o cuestionar. Por tanto tiene un alto componente de obediencia y humildad. La fe no es ambigua, siendo algo inmaterial, tiene consecuencias y efectos enormemente tangibles( Heb. 11), sino no es fe verdadera, está muerta, puede ser una simulación, un mero sucedáneo. Precisamente el carácter de esos efectos determina su autenticidad.

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Stg.2:14)

La fe es la llave que Dios  da para acceder a su presencia y a sus posibilidades.

“Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom.5:2)

La fe constituye un bien precioso que Dios valora mucho, tanto que la pone a prueba para purificarla. Y la manera en que se prueba esa fe es en medios y situaciones hostiles a ella y contradictorios. Se la prueba entre dudas, en adversidad, en tentación, en soledad, en desamparo y silencio, en temor y angustia. Sin ser una mera actitud positivista, nos hará capaces de esperar lo que no vemos, porque la fe es una decisión personal; he decidido esperar en Dios, creer en El y en su provisión aunque toda mi naturaleza terrenal se esté retorciendo de inquietud y temor.

La fe crea seres audaces.  Acompañada por la inspiración del Espíritu Santo,  la verdadera fe, siempre será milagrosa y transformadora. No tiene límites porque se deposita en un Ser que es todopoderoso e ilimitado.                                                                            “Jesús les dijo:-Por vuestra poca fe. De cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:-Pásate de aquí allá- y se pasará; y nada os será imposible.” (Mt.17:20)

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Rom.10:17)

La fe emana de la Palabra de Dios, está asociada a ella. Esta Palabra despierta el sentido espiritual en el ser humano y le da respuestas atinadas a su necesidad espiritual. Es, decir, le da certeza y le acerca a la realidad de Dios, donde todo es posible.  Hoy en día se cuestionan demasiadas cosas de esa Palabra, el mismo autor de Hebreos afirma que creer que Dios es el Hacedor de todas las cosas es un acto de fe. Pero muchos cristianos han decidido acomodar su fe a la mentalidad dominante, haciendo un mix entre la doctrina de Jesucristo y lo políticamente correcto. De esta forma ninguna de las dos opciones, gana, ambas pierden  autenticidad. La fe también es coherencia.

“…porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1ªJn.5:4)

Decíamos que la fe emana de la Palabra de Dios, por tanto es nacida de Dios y precisamente eso hace que aporte certeza y convicción por encima de la lógica de los sentidos. Por tanto, además de ser una decisión personal, la fe es un don de Dios. Un don precioso y poderosísimo, tanto que ha vencido al sistema que trata de anularla.

En qué se concreta esa victoria si lo que sucede a nuestro alrededor parece más bien indicar lo contrario? Pues se concreta en que, a pesar de que este sistema de cosas llamado  mundo, no parece ser el hábitat más idóneo para la supervivencia de la fe, todo aquel que apueste por creer, contará con la ayuda del propio Dios para vencer y no ser absorbido.

Nada hay en el mundo que nos pueda separar del amor de Dios si   queremos permanecer en él. Aunque seamos pocos y frágiles nada  podrá apagar esa fe si hemos decidido creer y permanecer en ella.

Luis R.

Marcha por la VIDA

La mayor prueba de amor

SOFIA OLIVER

Violencia de Género

Violencia contra las mujeres: ¿causada por el machismo y el patriarcado?

Los cristianos como victimas

“Cuando los evangélicos parezcan un brazo ideológico, tendrán el rechazo de muchos colectivos sociales”

Pilar Rahola, periodista y escritora.

 

El Paso del Noroeste

El Paso del Noroeste. Es la forma en la que se conoce a la ruta marítima que bordea el norte de continente americano través del Ártico, uniendo los océanos Atlántico y Pacífico.Esta ruta no pudo ser navegada hasta principios del siglo XX, cuando el explorador noruego Roald Amundsen, aprovechando el deshielo, pudo realizar la hazaña.La mítica ruta del Paso del Noroeste, ha sido durante siglos, tumba de muchos exploradores. Las condiciones extremas que se dan en aquellas latitudes han supuesto un obstáculo insalvable. Aún hoy en día, a pesar de los avances tecnológicos, no está habilitada para el tráfico comercial. A lo largo de los siglos, exploradores españoles, holandeses y, especialmente ingleses, han intentado dar con la ansiada ruta que uniese los dos océanos, algunos persiguiendo la gloria, otros por puro interés comercial. Dos de ellos fueron, William Edward Parry y John Franklyn. Ambos oficiales de la Royal Navy allá por el siglo XIX.  Su nación, Inglaterra, era el poder hegemónico, Napoleón había sido derrotado y la otra potencia, España, estaba en franca decadencia. Parry lideró varias expediciones hacia el Ártico, en la primera logró llegar hasta la isla de Melville, pero sus barcos quedaron bloqueados por el hielo durante ocho meses. Cuando por fin llegó el deshielo, ante la escasez de recursos, decidió regresar a Inglaterra. En la segunda expedición fue mejor equipado, pero nuevamente el hielo se convirtió en el obstáculo insalvable y volvió a quedarse bloqueado, esta vez durante dos largos inviernos. Ese tiempo lo dedicó a realizar observaciones científicas y cartografiar. En cuanto al resto de la tripulación, dispuso una rutina de tareas, combinadas con ejercicio físico, para que sus hombres no se derrumbaran. También creó el Teatro Real Ártico y cada quince días se representaba una función que preparaban los marineros con la ayuda de los oficiales. Además organizó una escuela donde los miembros de la tripulación que no sabían leer ni escribir fueran alfabetizados a través de la lectura de la Biblia. Tanto Parry como Franklyn, eran dos personas muy firmes convicciones religiosas. Perry murió junto a los suyos, mientras que Franklin, rondando los sesenta años dejó su vida en medio de aquella blanca y gélida inmensidad, debilitado por el temible escorbuto

. Al leer sobre la historia de la búsqueda del mítico paso del Noroeste, ha ido surgiendo en mí una pregunta ¿mereció realmente la pena tanto sacrificio de vidas y de recursos para descubrir algo a lo que, a día de hoy, aún no ha logrado dársele utilidad?. Los exploradores siempre han sido personas fuera de lo común. Gente que sacrifica su zona de confort por el descubrimiento de nuevos horizontes. Creo que como aquellos grandes hombres, todos nacemos con un anhelo de trascendencia, es decir, una insatisfacción ancestral que no queda resuelta con los logros, ni éxitos temporales que puedan alcanzarse en esta vida. El gran obstáculo para  aquellos exploradores fue el hielo, una y ora vez les impidió poder contemplar el acceso al otro océano. En el caso de nuestra búsqueda de Dios, lo que nos impide alcanzarlo es nuestro pecado. Hay un paso abierto que lleva hasta la presencia del Todopoderoso. Es a través de la fe en Jesucristo. Si creemos en él y nos arrepentimos de haber vivido de espaldas a Dios y le pedimos que dirija nuestra vida y limpie nuestros pecados, Él ha prometido que nos llevará junto al Padre.

Jesús hizo este recorrido mucho antes que nosotros, abrió para nosotros el Paso del Noroeste, no en que lleva al óceano pacífico, sino al mismo Cielo. Considerando todo esto, opino que es una buena idea atender su llamada, la llamada eterna, y comenzar a caminar con Él. Deja de ser un mero espectador, abandona la orilla del Támesis y embarcate junto a este Jesús que ha prometido acompañarte y guiarte en esta singladura que es la vida. No lo lamentarás.

Luis R.

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