Iglesia Cristiana Evangelica de Alza-Donostia / Altzako Ebangelikoaren Kristau Eliza

" Conocereis la verdad y la verdad os hará libres" " Horrela, egia ezagutuko duzue, eta egiak aske egingo zaituzte"

No hay sitio para Dios en el universo.

Creo que los cristianos no tienen que dejarse intimidar por declaraciones como las de Michel Mayor recogidas recientemente en el diario El País.

Ganadores del Nobel de física 2019.

La atracción periodística por el morbo pseudo-espiritual ha golpeado de nuevo: “No hay sitio para Dios en el Universo” titulaba hace poco El País al comentar el premio Nobel de física de Michel Mayor. ¿Resultado? Mas de 2.000 comentarios en pocas horas.

El titulo no se imponía para nada. La palabra “Dios” solo aparece 3 veces en esta entrevista del recién galardonado que ha pasado su vida dedicado a la búsqueda de “exoplanetas”, es decir, planetas orbitando otras estrellas diferentes a nuestro Sol. Cuando en 1995 Michel Mayor y su estudiante Didier Queloz descubrieron el primer planeta en órbita alrededor de una estrella semejante al Sol, tan solo se habían detectado con certeza otros dos exoplanetas, pero girando ambos alrededor de una estrella muerta.

Poco menos de 25 años más tarde, se han detectado 4.000 exoplanetas, y eso tan solo mirando en nuestro vecindario. Obviamente muchos investigan los criterios necesarios para que pueda haber vida en uno de ellos [1]. Hoy en día, se estima que según los criterios conocidos en la actualidad, debe haber 10 mil millones de planetas “habitables” en nuestra galaxia [2]. Y galaxias, hay unos 2 millones de millones en el universo observable [3]. Efectivamente, parce muy arriesgado apostar por la unicidad de la tierra. Por eso, concluye Mayor:

“Basados en esto, las probabilidades de que haya vida en el universo son descomunales… La visión religiosa dice que Dios decidió que solo hubiese vida aquí, en la Tierra, y la creó. Los hechos científicos dicen que la vida es un proceso natural… para mí no hay sitio para Dios en el universo.”

Así que Mayor parece dar por sentado que la fe cristiana descansa en un universo inexplicable. No es el caso de la fe de Jesús quien nos dijo que Dios alimenta a las aves del cielo (Mateo 6.26). Aquí estamos de vuelta con la exigencia de un “dios tapa agujeros”, un diosito que anhela lo inexplicado ya que no tendría nada que ver con lo explicado. Ese dios no era el Dios de Jesús.

También parece pensar que la fe cristiana no podría soportar que haya vida en otros planetas. Sin embargo, no veo por qué Dios tendría que habernos dado la lista extensa de los sitios habitados del universo, si los hay. Los teólogos que indagan el nuevo concepto de “astroteología” no parecen muy molestos por esa posibilidad.

Creo que los cristianos no tienen que dejarse intimidar por tales declaraciones. No porque su contenido científico sea falso, sino porque las conclusiones sacadas no son nada necesarias.

La ocasion la pintan calva

Dentro de la mitología griega, existía un dios menor llamado Kairós. Se le representaba con unas alas en los pies o la espalda, con un mechón de pelo en la frente y calvo por detrás. Los romanos tenían algo similar, una diosa a la que llamaban Occasio (Ocasión, Oportunidad), que también, al igual que a Kairós, era representada con alas y calva por detrás. Este dios Kairos, venía a representar a la oportunidad que se presenta, el tren que solo pasa una vez, por eso llevaba alas, porque siempre estaba de paso, casi irrumpiendo, sin avisar. Estaba calvo por detrás, de manera que, una vez que te ha rebasado ya no tienes de dónde asirle para retenerle, de ahí viene el dicho de “la oportunidad la pintan calva” o “esto ha sido cogido por los pelos”. Representa el momento oportuno que, si se sabe aprovechar, supondrá un antes y un después en la vida. Quien más, quien menos, tiene guardada una posibilidad así en la manga. Puede ser una forma de consuelo para no perder la esperanza.

En el evangelio de Lucas  18:35, se nos relata el caso de un mendigo ciego que se encontraba a las puertas de la ciudad de Jericó pidiendo limosna cuando Jesús de Nazaret se disponía a entrar en ella. Al oír el tumulto del gentío, preguntó a ver qué era aquello. Le respondieron que era Jesús. Al escuchar esas palabras, el ciego comenzó a llamar a voces a Jesús, casi armó más alboroto que la propia multitud, de manera que los que abrían la marcha le reñían para que dejara de vocear. Pero el  ciego no se daba por aludido y seguía llamando a Jesús. Finalmente éste, pidió que se lo acercaran. Una vez ante él, Jesús le preguntó a ver que quería. ¡Recibir la vista! En ese mismo instante se operó el milagro y comenzó a ver. Entró junto con la muchedumbre en la ciudad dando voces de alegría y alabando a Dios.

Probablemente este hombre ciego no sería capaz de disertar sobre el concepto greco-latino del tiempo, pero tenía mucho que decir acerca de cómo aprovechar las oportunidades. Así se lo hizo saber a todo Jericó. Probablemente en aquella ciudad había más ciegos como él, pero solo él recobró la vista. La oportunidad también se les presentó a ellos, pero no todos fueron capaces de verla.

Jesús se presenta como la oportunidad siempre vigente. A diferencia del dios Kairós o la diosa Ocassio, no es un mito, a pesar de que en estos tiempos, a veces, se le pretenda relegar a ese ámbito. Mientras tengamos vida, nunca será una oportunidad perdida siempre y cuando tengamos la disposición de recurrir a Él. El ciego había oído que ese tal Jesús curaba a los ciegos y no quiso dejarle pasar de largo. Porque Jesús se ha constituido como la respuesta para todos aquellos  que están cansados de buscar y no encontrar, de llegar siempre tarde cuando el tren de la oportunidad ya se ha ido. De aferrarse a falsas ilusiones o resignarse al fracaso. Jesús siempre supondrá un antes y un después para la vida de aquellos que se encuentren con Él.

Luis Ramos

El coro que no quería cantar

“Arpa de oro de los fatídicos vates ¿por qué cuelgas silenciosa del sauce?”.                                  (“Va Pensiero”.  Op.Nabucco, Giuseppe Verdi)

Es una frase de una de las escenas del Nabucco de Verdi, donde se representa a un coro de cautivos hebreos que han sido deportados por Nabucodonosor, el rey de Babilonia. Para aquel que lo conozca, el texto de esta escena se podría dividir en tres partes, 1º cuando aluden a su pensamiento ( Va pensiero) y le piden que vuele hacia su tierra,  2º a las orillas del Jordán y a Jerusalén, en este punto se les quebranta el alma al recordarla destruida y lejana, (cuánto daño nos hacen ciertas obsesiones y bucles mentales) 3º al arpa de oro que cuelga silenciosa del sauce, le piden que les auxilie, que Dios la devuelva el sonido y le inspire una melodía que les traiga consuelo y esperanza. Esta escena está inspirada en el salmo 137 de la Biblia.  A título de comentario, algunas expresiones artísticas más sublimes, están inspiradas en la Biblia

 ¿ Pero, cómo comenzó todo?  Hagamos un poco de historia…….

Más o menos, allá por el año 586 a.c., los habitantes de Jerusalén fueron deportados a Babilonia. Habían sido conquistados por Nabucodonosor, pero se sublevaron contra él en dos ocasiones, finalmente, los ejércitos caldeos volvieron a invadir la ciudad, destruyeron el templo y las murallas y se llevaron todos los utensilios sagrados. Cometieron gran cantidad de crímenes y no perdonaron ni tuvieron compasión ni de los niños ni las mujeres embarazadas. La mayoría de los supervivientes fueron llevados cautivos en un penoso y humillante viaje hasta Babilonia. Atrás quedaban las promesas hechas por Dios a Abraham y a los patriarcas, los tiempos gloriosos de los reyes David y Salomón. La ciudad santa, fue profanada y reducida a escombros junto con el templo y las murallas. Las calles se llenaron de cadáveres insepultos. Triste imagen para ser guardada como último recuerdo antes de abandonar su tierra.

  • Estado anímico de los cautivos:

Aquella triste caravana de deportados, cabizbajos, humillados y sin esperanza. El dolor de la derrota. El fin de una historia, de una relación, la ausencia del que, hasta entonces, había sido su defensor.  La tragedia de recordar cómo habían sido sometidos. (Lo que hoy se considerarían crímenes de guerra o contra la humanidad). La falta de esperanza. La profunda sensación de fracaso, de haber fallado a  Dios, a la historia, a los antepasados.

Vez tras vez los profetas, principalmente Jeremías y Ezequiel, habían estado avisando al pueblo de la catástrofe que se les venía encima si persistían en pecar contra Dios y practicar la idolatría. No fueron atendidas sus palabras y vino sobre Jerusalén el juicio divino a través de los ejércitos caldeos al mando de Nabucodonosor. Allí se interrumpió la historia de los judíos como nación soberana, solo en nuestros días han vuelto a ser un estado independiente.

El pueblo hebreo era famoso en la antigüedad por sus espectaculares coros y músicos. La práctica totalidad de su repertorio, giraba en torno a su Dios, a la relación del pueblo con Él, y al templo de Jerusalén. Al haber sido despojados de su condición de nación escogida, les costaba encontrar un motivo por el cual cantar. ¿Cómo cantar a Dios en una tierra extraña? El tiempo les enseñaría que no les iba a quedar más remedio que adaptarse a esa nueva condición.

Se sentaban junto a los ríos de Babilonia, llorando y recordando su tierra destruida. Colgaron sus arpas en los sauces. Un acto cargado de simbolismo. Eran músicos y habían perdido la motivación para cantar.

Los ríos con sus corrientes que desembocan en el mar, simbolizan la vida humana, esas aguas que ahora ves pasar, nunca volverás a verlas en el mismo lugar.

Los sauces, árboles ornamentales, no dan fruto comestible. En España, al sauce de Babilonia, se le llama “sauce llorón” por la forma en que caen sus ramas. Tal vez, el nombre que se le da a este árbol en nuestro país, tenga que ver con el recuerdo de aquellos cautivos que lloraban bajo su sombra, y escondían las arpas entre sus ramas.

Aquella comunidad de cautivos hebreos, representaba, para los caldeos, algo parecido a un atractivo turístico, por eso les pedían que cantaran los cánticos de Sión, pero ellos no querían asumir ese rol y por eso se plantaban y escondían sus arpas.

Arpa de oro de los fatídicos vates, ¿porqué cuelgas silenciosa del sauce? ¡Revive en nuestros pechos el recuerdo, háblanos del tiempo que fue…¡oh que Dios te inspire una melodía, que nos infunda valor en nuestro padecimiento!

  • La senda a la libertad:

Probablemente esta estrofa salió de lo más profundo del alma de Giuseppe Verdi. Antes de componer esta ópera, estuvo a punto de dejar la música. Habían muerto su esposa y dos de sus hijos, aquello supuso un golpe terrible para él y se vio incapacitado como músico y como persona. Pero, de alguna manera, encontró fuerzas. La primera obra que compuso después de aquella tragedia fue Nabucco, a la que pertenece la escena que estamos recordando. Está inspirada, como mencionábamos, en los judíos que fueron deportados a Babilonia por el rey Nabucodonosor. No podemos evitar relacionar el efecto liberador que se operó en el alma de Verdi, con la lectura de la Biblia y de ahí, surgió esta bellísima ópera. Después vendrían muchas otras como La Traviata, Aída etc.

Pablo y Silas, siervos de Jesucristo,  también experimentaron esa senda liberadora. Encarcelados en las mazmorras de Filipos, malheridos a causa de los latigazos que les habían propinado, sin saber a ciencia cierta qué destino les aguardaba al día siguiente, decidieron entonar himnos a Dios, de manera que todos los presos les oían. Ellos no colgaron sus arpas en los sauces, eran presos tan solo de forma externa, su alma estaba libre, no odiaban al carcelero, cantaban a Dios porque sabían que nadie podía condenarles, mientras Jesucristo fuera su Redentor. (Hch.16:25)

Tal vez la senda de la libertad sea esa, comprender la naturaleza de Aquel a quien servimos. Saber que nos ama de una forma indescriptible, que es todopoderoso y magnífico, glorioso, sabio. Pedir a nuestro pensamiento que vuele, pero no a las ruinas de nuestras catástrofes y derrotas personales, no a las cuentas pendientes, ni a las traiciones que hemos padecido, sino a la presencia de la majestad de Dios, donde todo se vuelve insignificante y entonces nuestra arpa volverá a cobrar vida, y volveremos a ser compositores.

El mundo necesita nuestra música, que dejemos de llorar junto al río y descolguemos nuestras arpas de las ramas de los sauces. Como en la escena del coro de los cautivos hebreos, aunque no lo parezca, entre la gente que nos rodea a diario, hay muchos esclavos que, sin saberlo, anhelan que Dios inspire melodías para que caigan los cerrojos de las mazmorras en las que están presos.

 

 

 

 

Estamos mas solos que nunca

En una era como la nuestra, híper-conectados tecnológicamente como estamos, parece increíble el nivel de soledad con el que convivimos. En unos casos resulta más trágico que en otros, pero en todo caso lo es en cierta medida, porque con las herramientas que tenemos al alcance de la mano, ya no solo resulta paradójico, sino profundamente irónico, con el “toque negro” que la ironía pone en casi todo lo que toca.

Nuestras redes sociales nos dicen con alegría y cierta ligereza que tenemos más amistades de las que hemos tenido nunca. El sueño cumplido de cualquier persona con dificultades interpersonales: máxima eficacia con un mínimo riesgo social (o eso queremos creer, porque riesgos hay muchos, solo que son de otro tipo). Lo que no sé si imaginaron los creadores de estas redes sociales es que iban a recibirse sus propuestas con tal cantidad de brazos abiertos de par en par, lo que les ha beneficiado obviamente a nivel económico y por eso proliferan, pero no en la misma proporción que ha perjudicado a los millones de usuarios incautos e inconscientes que han entrado en esta dinámica sin medir las consecuencias. Porque todos en alguna medida hemos perdido algo en este camino, aunque hayamos ganado otras cosas. La cuestión es la importancia de lo que ganamos, en comparación con el calado de lo que perdemos.

Recibimos el “arropo tecnológico” de nuestros amigos digitales en forma de Me gusta o Like, pero a la hora de la verdad, seguimos echando de menos lo humano: el abrazo, la sonrisa, el café en una terraza. Porque incluso siendo afortunados en tener alrededor nuestro más que solo amigos digitales, todos poco a poco nos vamos sumergiendo en el abandono de los pequeños detalles. Ya casi no hay tarjetas de felicitación, preferimos la inmediatez del mensaje a la conversación entrañable, el copia y pega descarado de cualquier genialidad de otro, antes que el esfuerzo personal de mirar hacia dentro y pensar lo que realmente queremos decir.

Quizá también hemos perdido la costumbre de esas dos facetas, la de pensar y la de comunicarnos de forma relevante, más allá de las teclas y las pantallas inteligentes. Y no se pierden por falta de capacidad, sin embargo, sino por falta de entrenamiento, como otras muchas cosas en la vida. Dicho de otra forma, no somos más tontos, pero sí más necios, porque pudiendo entrenarnos en lo que tenemos, no lo hacemos. Es lo que ha traído la simplificación tecnológica: que nos hemos instalado en una comodidad que hace ya bastante dejó de ser beneficiosa para empezar a ser castrante de nuestras habilidades de serie. Hemos sido creados con un sello relacional que nos hace únicos. Pero lo hemos intercambiado por un plato de comodidad. Hemos reducido el pensar interpersonalmente y el comunicarnos de forma cálida a niveles de mínimos. Y la tendencia a la baja sigue, con lo que estamos ya empezando a ver en qué consisten los inframínimos: la gente sufre sola y se muere sola, porque ninguna relación tiene calidad significativa sin haber invertido en ella de forma presencial.

No quiero decir con todo esto que lo tecnológico no tenga ventajas: las tiene y son muchas, soy usuaria de lo digital y funciono activamente en ese medio, pero francamente no creo que tenga que elegir entre lo uno y lo otro. Lo que creo es que se trata más bien de lo contrario: de no renunciar a lo humano en pro de lo tecnológico, de no dejar que la comodidad me invada hasta el punto de perder la sensibilidad por las personas. Pero eso implica pensar en maneras en las que podamos movernos en este océano tecnológico que nos rodea construyendo, no destruyendo, invirtiendo, no evadiendo, y midiendo, no desfasando.

No siempre que se usa lo tecnológico implica una deshumanización. A veces lo digital, lo que aporta, es un formato nuevo, fresco, diferente, que no tiene por qué significar falta de calidez -aunque como tendemos a generalizar tanto, nos vamos de un extremo a otro con facilidad, sin distinguir las intenciones que hay detrás. Se puede ser cálido en lo digital, siempre que seamos capaces de acompañar lo uno de lo otro. El problema es que lo tecnológico se ha usado para sustituir porque lo humano, en ocasiones, es molesto. Y como huimos de cualquier malestar, porque de eso va nuestra era, principalmente, pues nos hemos pasado de largo y por mucho la línea que separa el buen uso del mal uso.

Así las cosas, se hace imperativo que nos preguntemos, primero a nivel personal, como no puede ser de otra forma, cómo estamos manejándonos en esta era digital en la que vivimos. Cuando mando una felicitación informatizada, ¿lo hago porque es la mejor posible, o porque mediante ese formato voy a eludir la molestia de lo interpersonal? ¿Mandaré un mensaje porque no puedo llamar, o más bien si mando el mensaje ya no tengo que llamar? Dicho de forma mucho más políticamente incorrecta: ¿será que mis acciones tecnológicas están orientadas al escaqueo permanente de lo que me incomoda de mis relaciones? ¿Pudiera ser, incluso, que quiera lo que mis relaciones me aportan, pero sin ellas?

Esta pregunta es una difícil de contestar si no es con un análisis detenido previo. Nuestra primera impronta exclama que no, porque resultaría dramático lo contrario (¡vaya a ser que nos veamos realmente como somos!). Luego, cuando honestamente nos paramos a mirar hacia dentro, muchas veces tenemos que reconocer que hay un poquito de esto, al menos, y que estamos eludiendo sutilmente el trato directo, porque nos quita tiempo, nos obliga a invertir energías, nos fuerza a estar presentes, en definitiva. Sin embargo, esos elementos son el colchón en el que reposamos también en los momentos difíciles, cuando miramos alrededor y necesitamos saber que hay alguien cerca. O cuando son otros los que necesitan que estemos presentes nosotros. Ahí nos damos cuenta de lo que hemos perdido (de nuevo, sale con toda su fuerza nuestro yo, egoísta), pero deberíamos también ver que hemos ido dejando huérfana a nuestra gente por el camino.

Este planteamiento general de lo que las personas aportan, pero sin las personas en sí, se parece demasiado al que vemos de fondo en la parábola del hijo pródigo, que quería la herencia del padre, pero sin él. Como nosotros en relación con Dios, que queremos lo que nos aporta, pero sin relacionarnos y mucho menos sujetarnos a Su plan de vida para nosotros. Nuestra libertad y nuestra comodidad nos preocupan demasiado. Y no somos capaces de mirar más allá de lo inmediato, como en lo tecnológico, pensando en lo que ganamos ahora en vez de lo que perdemos también a medio y largo plazo, no solo para nosotros, sino para los que tenemos cerca y a quienes queremos.

El padre, sin embargo, es mucho más que su herencia y además nunca privó a sus hijos del acceso a ella. Se trataba más bien de una cuestión de tiempos. De invertir en lo importante y de no deshumanizarse hasta el punto de que lo importante fueran los bienes o las cosas, lo que se consigue en la interacción, más que la relación misma.

Si lo tecnológico nos conecta pero nos separa, ha dejado de sumar para empezar a restar y quizá viene siendo tiempo de sentarse a hacer cuentas y actuar en consecuencia.

» CAMINA POR FE «

Antetokounmpo, el joven jugador griego de padres nigerianos dio gracias a Dios al recibir el trofeo al mejor jugador de la temporada en la NBA. “Camina por fe, no por vista” es su lema.

Antetokounmpo, dando el discurso tras ganar el MVP. / TNT

Giannis Antetokounmpo​ no ha tenido una vida fácil. Por eso, al subir al escenario de la NBA para recoger el premio al mejor jugador de la liga regular (MVP) no pudo contener las lágrimas.

Pero lo primero que hizo al recoger el premio fue dar las gracias a Dios. “Lo primero es darle las gracias a Dios por el talento que me ha dado, y por ponerme en esta posición. Todo lo que hago lo hago por Él”, expresó el jugador de nacionalidad griega y padres nigerianos

La historia de Antetokoumpo comienza en Grecia, donde nació en 1994. Sus padres habían emigrado a Europa desde su país de origen, Nigeria, buscando un futuro para su familia.

Pasábamos mucho tiempo juntos como familia, pero también fue duro. No sabíamos si íbamos a tener dinero para comer ese día o si me iba a levantar y no ver a mis padres porque los habían deportado”, expresó hace un tiempo la máxima estrella de los Milwaukee Bucks.

Giannis comenzó a jugar al baloncesto en 2007, donde pronto demostró tener unas grandes cualidades físicas y técnicas. En su carrera hubo varios obstáculos, como las dificultades para conseguir el pasaporte que le permitiese llegar a la NBA a causa de la situación inestable en la que sus padres habían entrado al país.

Esto fue motivo de que desde partidos de extrema derecha se criticase a Giannis e incluso se le insultara, comparándole con un mono. Sin embargo, él siempre se ha mostrado respetuoso con el país en el que nació.

En 2013 fichó por los Milwaukee Bucks, donde ha progresado de forma espectacular en su juego y no ha parado de ponerse retos.

TRABAJO Y TALENTO

En un blog que escribía en una página web de baloncesto, Giannis explicó su secreto.  “Cuando tenía 15 años, intenté participar en la selección de los 12 mejores jugadores en los campeonatos escolares. Pero me quedé fuera. La mayoría de los niños que estaban en el top 12 ahora no juegan al baloncesto profesionalmente. En cambio yo estoy en la NBA. Con motivo de esta historia que tuvo lugar hace unos años, te revelaré mi lema, el que solo mi familia conoce: ¡Camina por fe, NO por vista! Creo que esta es la actitud correcta hacia la vida. Solo necesito ser el mejor hijo, hermano y ser humano que pueda”.

En su emotivo discurso, Antetokounmpo dio gracias a su equipo técnico, sus compañeros, pero especialmente a su familia. Su padre, fallecido en 2017, estuvo en su recuerdo, así como su madre, de quien dijo que era la persona que más admiraba por todo lo que había hecho para cuidar de él y de sus hermanos.

Tiempo de elecciones

Una vez más nuestro país se encuentra inmerso en » tiempos de elecciones «. Primero elegimos al gobierno de la nación y ahora nos toca elegir entre aquellos partidos que gobernarán nuestros pueblos y ciudades y algunas comunidades autónomas, sin olvidarnos de Europa, que también renueva su parlamento.

Para nosotros los creyentes en Jesucristo, este asunto siempre ha sido un dilema importante. ¿ A quién daré mi voto ?. Están desde los que consideran que votes a quien votes nada cambiará en lo esencial, hasta los que lo consideran un deber ciudadano. Y es cierto que no es fácil determinar el destino de tu papeleta.

Tampoco tenemos referentes bíblicos que nos den una orientación, ya que en el mundo del comienzo de la era cristiana, lo cierto es que se botaba poco o más bien nada, por tanto creo yo, cuando buscamos el candidato ideal o el partido más cercano a nuestro pensamiento ético y moral, tendremos que rebuscar en sus programas y entonces decidir, sin olvidar que la respuesta a los verdaderos problemas de nuestro mundo, no está en la política sino en alguien que es capaz de cambiar la vida de millones de personas y que nosotros llamamos Jesucristo

S.T.

 

La pieza que faltaba

Hace pocos días que ha finalizado la Semana Santa. Unas fechas que pretenden recordar el arresto, tortura y muerte de Jesús de Nazaret.

Unos días de descanso a medio camino entre las, ya pasadas, navidades y las ansiadas vacaciones veraniegas. En muchas partes, suponen un atractivo turístico las famosas procesiones de la semana santa. Casi en todos los lugares de la geografía del país, existen ciudades, e incluso barrios, donde las diferentes hermandades y cofradías sacan en procesión aquellas tallas de cristos y vírgenes a las que veneran.

Son momentos de gran fervor religioso. Probablemente sea en Andalucía y, especialmente Sevilla, donde este tipo de expresiones alcanzan mayor protagonismo. La Macarena, el gran Poder, la Esperanza de Triana, el Cristo de los Gitanos, son algunos de los símbolos más representativos de la Semana Santa sevillana.

Recuerdo que en mi infancia, se retransmitían esas procesiones por televisión, apenas se permitía ver otra cosa. He de confesar que aquella puesta en escena me sobrecogía, las imágenes ensangrentadas, el ritmo de los tambores y las cornetas, las expresiones de dolor por la muerte de Cristo, aquel ambiente de luto generalizado, crearon en mi conciencia una idea del cristianismo oscura y bastante tétrica. No es de extrañar que al alcanzar la adolescencia acabara renegando de aquel tipo de fe.  Hoy, con la perspectiva del tiempo a mi favor, comprendo mejor qué es lo que me hizo huir del aquel concepto del cristianismo que se me presentaba. Tiene algo que ver, salvando las distancias obviamente, con lo que también le debió de suceder al poeta sevillano Antonio Machado. En su “Saeta”, dedicada al cristo de los gitanos decía:

“¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar! ¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz! ¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores! ¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en la mar!”

Conociendo la obra y el pensamiento de Don Antonio, sabemos que se estaba refiriendo a esa herencia oscura, cerrada, sangrienta que, según él, habían recibido los españoles y en la que se recreaban fanáticamente, a tal punto que, una figura como Jesús, paradigma de la esperanza y la paz, aquella España  la había reconvertido en una expresión de crueldad y culto a la muerte. Precisamente eso, el excesivo i en la muerte de Jesús, es lo que a mí me alejó de Él. No es que la muerte de Jesús no sea importante, que lo es y mucho, sino que se me estaba educando en una forma de cristianismo carente de esperanza, donde los hombres eran tan malos, que despreciaron y asesinaron a Aquel que vino a salvarlos de sus pecados. Un Jesús que con su muerte, nos recordaba cuan despreciables podíamos llegar a ser, que este mundo era como un gran agujero negro que acababa absorbiendo cualquier atisbo luz.

Pero mi historia no acaba aquí, como la de Jesús tampoco terminó en la cruz. Un día tuve la oportunidad y el estado de ánimo adecuado, como para escuchar lo que me hablaban acerca de la resurrección de Cristo. Jesús no fue eliminado, su luz no fue absorbida. A pesar de la traición de Judas, de la negación de Pedro, de ser abandonado por todos sus seguidores en el momento más crítico, a pesar de un juicio manipulado y lleno de testigos falsos que le llevaron a la muerte, a pesar de una tumba custodiada por soldados…al cabo de tres días, Jesús se presentó vivo, había resucitado. Todas estas cosas me las fueron mencionando y, entonces, me di cuenta que Jesús tuvo que encajarlas todas ellas, era su manera de demostrar que era Dios, y que su método de ganarnos era a través del amor y no de la coacción ni la fuerza.

He vuelto al cristianismo, mejor dicho, he recibido a Jesús como mi salvador desde el día en que me hablaron de su resurrección. Jesús es admirable, sí, he dicho es, porque sigue vivo, accesible, y en activo. Ha hecho el milagro de cambiar mi corazón, desengañado e incrédulo, y despertar en él la esperanza y la fe viva. Su resurrección es la pieza perdida de la fe de mis mayores.

Luis R.

Una cuestion de Fe

“ Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Epístola a los Hebreos 11:1)

¿De dónde adquirimos la certeza los seres humanos?   Normalmente de los hechos contrastados. Pero vamos analizar un tipo de certeza que se puede alcanzar mediante la fe. La fe, no es algo exclusivo del ámbito religioso. Se puede entender  la fe, como el conjunto de creencias que forman un credo determinado.

Pero también se puede tener fe en una persona, en sí mismo, en una ideología, en un sistema, en la propia ciencia etc. Al final, la fe determina el grado de confianza y seguridad que depositamos en algo o alguien.

Volviendo a la fe en Dios y en su Palabra, podemos analizar la afirmación que nos aporta el autor de la Epístola a los Hebreos, con la cual comenzábamos este artículo. Aunque, a día de hoy, resulta todo un desafío el sostener algo así, porque esta afirmación del autor de Hebreos choca frontalmente con la mentalidad actual. Somos hijos e hijas de la era científico-tecnológica. Precisamente el método científico se basa en eso, demostrar algo para darle carácter de verosimilitud. Lo que no puede demostrarse científicamente no tiene credibilidad. ¿Cómo pues, alguien, puede pretender estar convencido de algo que no puede verse? La fe nos lleva más allá de los límites del raciocinio. Porque nuestro razonamiento es limitado y la Biblia nos reta a considerar el efecto de la fe.

“Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto (a Jesús), creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso…” (1ªP.1:8)

Oímos a ciertas personas hablar  de alguien, Jesús, al cual no han visto ni oído, y sin embargo lo presentan con una familiaridad sorprendente. ¿El secreto será la fe?

La fe tiene que ser una decisión personal. Decido creer o dudar, obedecer o cuestionar. Por tanto tiene un alto componente de obediencia y humildad. La fe no es ambigua, siendo algo inmaterial, tiene consecuencias y efectos enormemente tangibles( Heb. 11), sino no es fe verdadera, está muerta, puede ser una simulación, un mero sucedáneo. Precisamente el carácter de esos efectos determina su autenticidad.

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Stg.2:14)

La fe es la llave que Dios  da para acceder a su presencia y a sus posibilidades.

“Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom.5:2)

La fe constituye un bien precioso que Dios valora mucho, tanto que la pone a prueba para purificarla. Y la manera en que se prueba esa fe es en medios y situaciones hostiles a ella y contradictorios. Se la prueba entre dudas, en adversidad, en tentación, en soledad, en desamparo y silencio, en temor y angustia. Sin ser una mera actitud positivista, nos hará capaces de esperar lo que no vemos, porque la fe es una decisión personal; he decidido esperar en Dios, creer en El y en su provisión aunque toda mi naturaleza terrenal se esté retorciendo de inquietud y temor.

La fe crea seres audaces.  Acompañada por la inspiración del Espíritu Santo,  la verdadera fe, siempre será milagrosa y transformadora. No tiene límites porque se deposita en un Ser que es todopoderoso e ilimitado.                                                                            “Jesús les dijo:-Por vuestra poca fe. De cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:-Pásate de aquí allá- y se pasará; y nada os será imposible.” (Mt.17:20)

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Rom.10:17)

La fe emana de la Palabra de Dios, está asociada a ella. Esta Palabra despierta el sentido espiritual en el ser humano y le da respuestas atinadas a su necesidad espiritual. Es, decir, le da certeza y le acerca a la realidad de Dios, donde todo es posible.  Hoy en día se cuestionan demasiadas cosas de esa Palabra, el mismo autor de Hebreos afirma que creer que Dios es el Hacedor de todas las cosas es un acto de fe. Pero muchos cristianos han decidido acomodar su fe a la mentalidad dominante, haciendo un mix entre la doctrina de Jesucristo y lo políticamente correcto. De esta forma ninguna de las dos opciones, gana, ambas pierden  autenticidad. La fe también es coherencia.

“…porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1ªJn.5:4)

Decíamos que la fe emana de la Palabra de Dios, por tanto es nacida de Dios y precisamente eso hace que aporte certeza y convicción por encima de la lógica de los sentidos. Por tanto, además de ser una decisión personal, la fe es un don de Dios. Un don precioso y poderosísimo, tanto que ha vencido al sistema que trata de anularla.

En qué se concreta esa victoria si lo que sucede a nuestro alrededor parece más bien indicar lo contrario? Pues se concreta en que, a pesar de que este sistema de cosas llamado  mundo, no parece ser el hábitat más idóneo para la supervivencia de la fe, todo aquel que apueste por creer, contará con la ayuda del propio Dios para vencer y no ser absorbido.

Nada hay en el mundo que nos pueda separar del amor de Dios si   queremos permanecer en él. Aunque seamos pocos y frágiles nada  podrá apagar esa fe si hemos decidido creer y permanecer en ella.

Luis R.

Marcha por la VIDA

La mayor prueba de amor

SOFIA OLIVER

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