Creo que los cristianos no tienen que dejarse intimidar por declaraciones como las de Michel Mayor recogidas recientemente en el diario El País.

Ganadores del Nobel de física 2019.

La atracción periodística por el morbo pseudo-espiritual ha golpeado de nuevo: “No hay sitio para Dios en el Universo” titulaba hace poco El País al comentar el premio Nobel de física de Michel Mayor. ¿Resultado? Mas de 2.000 comentarios en pocas horas.

El titulo no se imponía para nada. La palabra “Dios” solo aparece 3 veces en esta entrevista del recién galardonado que ha pasado su vida dedicado a la búsqueda de “exoplanetas”, es decir, planetas orbitando otras estrellas diferentes a nuestro Sol. Cuando en 1995 Michel Mayor y su estudiante Didier Queloz descubrieron el primer planeta en órbita alrededor de una estrella semejante al Sol, tan solo se habían detectado con certeza otros dos exoplanetas, pero girando ambos alrededor de una estrella muerta.

Poco menos de 25 años más tarde, se han detectado 4.000 exoplanetas, y eso tan solo mirando en nuestro vecindario. Obviamente muchos investigan los criterios necesarios para que pueda haber vida en uno de ellos [1]. Hoy en día, se estima que según los criterios conocidos en la actualidad, debe haber 10 mil millones de planetas “habitables” en nuestra galaxia [2]. Y galaxias, hay unos 2 millones de millones en el universo observable [3]. Efectivamente, parce muy arriesgado apostar por la unicidad de la tierra. Por eso, concluye Mayor:

“Basados en esto, las probabilidades de que haya vida en el universo son descomunales… La visión religiosa dice que Dios decidió que solo hubiese vida aquí, en la Tierra, y la creó. Los hechos científicos dicen que la vida es un proceso natural… para mí no hay sitio para Dios en el universo.”

Así que Mayor parece dar por sentado que la fe cristiana descansa en un universo inexplicable. No es el caso de la fe de Jesús quien nos dijo que Dios alimenta a las aves del cielo (Mateo 6.26). Aquí estamos de vuelta con la exigencia de un “dios tapa agujeros”, un diosito que anhela lo inexplicado ya que no tendría nada que ver con lo explicado. Ese dios no era el Dios de Jesús.

También parece pensar que la fe cristiana no podría soportar que haya vida en otros planetas. Sin embargo, no veo por qué Dios tendría que habernos dado la lista extensa de los sitios habitados del universo, si los hay. Los teólogos que indagan el nuevo concepto de “astroteología” no parecen muy molestos por esa posibilidad.

Creo que los cristianos no tienen que dejarse intimidar por tales declaraciones. No porque su contenido científico sea falso, sino porque las conclusiones sacadas no son nada necesarias.