“ Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos. Por la fe comprendemos que el universo fue hecho por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” (Epístola a los Hebreos 11:1)

¿De dónde adquirimos la certeza los seres humanos?   Normalmente de los hechos contrastados. Pero vamos analizar un tipo de certeza que se puede alcanzar mediante la fe. La fe, no es algo exclusivo del ámbito religioso. Se puede entender  la fe, como el conjunto de creencias que forman un credo determinado.

Pero también se puede tener fe en una persona, en sí mismo, en una ideología, en un sistema, en la propia ciencia etc. Al final, la fe determina el grado de confianza y seguridad que depositamos en algo o alguien.

Volviendo a la fe en Dios y en su Palabra, podemos analizar la afirmación que nos aporta el autor de la Epístola a los Hebreos, con la cual comenzábamos este artículo. Aunque, a día de hoy, resulta todo un desafío el sostener algo así, porque esta afirmación del autor de Hebreos choca frontalmente con la mentalidad actual. Somos hijos e hijas de la era científico-tecnológica. Precisamente el método científico se basa en eso, demostrar algo para darle carácter de verosimilitud. Lo que no puede demostrarse científicamente no tiene credibilidad. ¿Cómo pues, alguien, puede pretender estar convencido de algo que no puede verse? La fe nos lleva más allá de los límites del raciocinio. Porque nuestro razonamiento es limitado y la Biblia nos reta a considerar el efecto de la fe.

“Vosotros, que lo amáis sin haberlo visto (a Jesús), creyendo en él aunque ahora no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorioso…” (1ªP.1:8)

Oímos a ciertas personas hablar  de alguien, Jesús, al cual no han visto ni oído, y sin embargo lo presentan con una familiaridad sorprendente. ¿El secreto será la fe?

La fe tiene que ser una decisión personal. Decido creer o dudar, obedecer o cuestionar. Por tanto tiene un alto componente de obediencia y humildad. La fe no es ambigua, siendo algo inmaterial, tiene consecuencias y efectos enormemente tangibles( Heb. 11), sino no es fe verdadera, está muerta, puede ser una simulación, un mero sucedáneo. Precisamente el carácter de esos efectos determina su autenticidad.

Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe y no tiene obras?” (Stg.2:14)

La fe es la llave que Dios  da para acceder a su presencia y a sus posibilidades.

“Por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios” (Rom.5:2)

La fe constituye un bien precioso que Dios valora mucho, tanto que la pone a prueba para purificarla. Y la manera en que se prueba esa fe es en medios y situaciones hostiles a ella y contradictorios. Se la prueba entre dudas, en adversidad, en tentación, en soledad, en desamparo y silencio, en temor y angustia. Sin ser una mera actitud positivista, nos hará capaces de esperar lo que no vemos, porque la fe es una decisión personal; he decidido esperar en Dios, creer en El y en su provisión aunque toda mi naturaleza terrenal se esté retorciendo de inquietud y temor.

La fe crea seres audaces.  Acompañada por la inspiración del Espíritu Santo,  la verdadera fe, siempre será milagrosa y transformadora. No tiene límites porque se deposita en un Ser que es todopoderoso e ilimitado.                                                                            “Jesús les dijo:-Por vuestra poca fe. De cierto os digo que si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte:-Pásate de aquí allá- y se pasará; y nada os será imposible.” (Mt.17:20)

“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” (Rom.10:17)

La fe emana de la Palabra de Dios, está asociada a ella. Esta Palabra despierta el sentido espiritual en el ser humano y le da respuestas atinadas a su necesidad espiritual. Es, decir, le da certeza y le acerca a la realidad de Dios, donde todo es posible.  Hoy en día se cuestionan demasiadas cosas de esa Palabra, el mismo autor de Hebreos afirma que creer que Dios es el Hacedor de todas las cosas es un acto de fe. Pero muchos cristianos han decidido acomodar su fe a la mentalidad dominante, haciendo un mix entre la doctrina de Jesucristo y lo políticamente correcto. De esta forma ninguna de las dos opciones, gana, ambas pierden  autenticidad. La fe también es coherencia.

“…porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y ésta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. (1ªJn.5:4)

Decíamos que la fe emana de la Palabra de Dios, por tanto es nacida de Dios y precisamente eso hace que aporte certeza y convicción por encima de la lógica de los sentidos. Por tanto, además de ser una decisión personal, la fe es un don de Dios. Un don precioso y poderosísimo, tanto que ha vencido al sistema que trata de anularla.

En qué se concreta esa victoria si lo que sucede a nuestro alrededor parece más bien indicar lo contrario? Pues se concreta en que, a pesar de que este sistema de cosas llamado  mundo, no parece ser el hábitat más idóneo para la supervivencia de la fe, todo aquel que apueste por creer, contará con la ayuda del propio Dios para vencer y no ser absorbido.

Nada hay en el mundo que nos pueda separar del amor de Dios si   queremos permanecer en él. Aunque seamos pocos y frágiles nada  podrá apagar esa fe si hemos decidido creer y permanecer en ella.

Luis R.