El Paso del Noroeste. Es la forma en la que se conoce a la ruta marítima que bordea el norte de continente americano través del Ártico, uniendo los océanos Atlántico y Pacífico.Esta ruta no pudo ser navegada hasta principios del siglo XX, cuando el explorador noruego Roald Amundsen, aprovechando el deshielo, pudo realizar la hazaña.La mítica ruta del Paso del Noroeste, ha sido durante siglos, tumba de muchos exploradores. Las condiciones extremas que se dan en aquellas latitudes han supuesto un obstáculo insalvable. Aún hoy en día, a pesar de los avances tecnológicos, no está habilitada para el tráfico comercial. A lo largo de los siglos, exploradores españoles, holandeses y, especialmente ingleses, han intentado dar con la ansiada ruta que uniese los dos océanos, algunos persiguiendo la gloria, otros por puro interés comercial. Dos de ellos fueron, William Edward Parry y John Franklyn. Ambos oficiales de la Royal Navy allá por el siglo XIX.  Su nación, Inglaterra, era el poder hegemónico, Napoleón había sido derrotado y la otra potencia, España, estaba en franca decadencia. Parry lideró varias expediciones hacia el Ártico, en la primera logró llegar hasta la isla de Melville, pero sus barcos quedaron bloqueados por el hielo durante ocho meses. Cuando por fin llegó el deshielo, ante la escasez de recursos, decidió regresar a Inglaterra. En la segunda expedición fue mejor equipado, pero nuevamente el hielo se convirtió en el obstáculo insalvable y volvió a quedarse bloqueado, esta vez durante dos largos inviernos. Ese tiempo lo dedicó a realizar observaciones científicas y cartografiar. En cuanto al resto de la tripulación, dispuso una rutina de tareas, combinadas con ejercicio físico, para que sus hombres no se derrumbaran. También creó el Teatro Real Ártico y cada quince días se representaba una función que preparaban los marineros con la ayuda de los oficiales. Además organizó una escuela donde los miembros de la tripulación que no sabían leer ni escribir fueran alfabetizados a través de la lectura de la Biblia. Tanto Parry como Franklyn, eran dos personas muy firmes convicciones religiosas. Perry murió junto a los suyos, mientras que Franklin, rondando los sesenta años dejó su vida en medio de aquella blanca y gélida inmensidad, debilitado por el temible escorbuto

. Al leer sobre la historia de la búsqueda del mítico paso del Noroeste, ha ido surgiendo en mí una pregunta ¿mereció realmente la pena tanto sacrificio de vidas y de recursos para descubrir algo a lo que, a día de hoy, aún no ha logrado dársele utilidad?. Los exploradores siempre han sido personas fuera de lo común. Gente que sacrifica su zona de confort por el descubrimiento de nuevos horizontes. Creo que como aquellos grandes hombres, todos nacemos con un anhelo de trascendencia, es decir, una insatisfacción ancestral que no queda resuelta con los logros, ni éxitos temporales que puedan alcanzarse en esta vida. El gran obstáculo para  aquellos exploradores fue el hielo, una y ora vez les impidió poder contemplar el acceso al otro océano. En el caso de nuestra búsqueda de Dios, lo que nos impide alcanzarlo es nuestro pecado. Hay un paso abierto que lleva hasta la presencia del Todopoderoso. Es a través de la fe en Jesucristo. Si creemos en él y nos arrepentimos de haber vivido de espaldas a Dios y le pedimos que dirija nuestra vida y limpie nuestros pecados, Él ha prometido que nos llevará junto al Padre.

Jesús hizo este recorrido mucho antes que nosotros, abrió para nosotros el Paso del Noroeste, no en que lleva al óceano pacífico, sino al mismo Cielo. Considerando todo esto, opino que es una buena idea atender su llamada, la llamada eterna, y comenzar a caminar con Él. Deja de ser un mero espectador, abandona la orilla del Támesis y embarcate junto a este Jesús que ha prometido acompañarte y guiarte en esta singladura que es la vida. No lo lamentarás.

Luis R.